Juan Jesús Posadas Ocampo Emmo. Sr. Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo

Acerca del Apostolado

“Sigan trabajando en la difusión del Mensaje de Fátima, que es el Mensaje del amor de Dios que quiere que todos los hombres se salven. Luchen por ir conquistando ciudades, pueblos, y sobre todo, corazones para Dios. Trabajando con ese carisma especial del apostolado que es ir a Jesús por María.”

Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo

Objetivos

  1. La Gloria de Dios.
  2. La santificación de sus miembros.
  3. Promover la difusión y vivencia del Mensaje de Fátima.
  4. Promover una verdadera y auténtica devoción cristiana a la Santísima Virgen.
  5. Colaborar con la Parroquia en la tarea evangelizadora de la Iglesia y luchar por la salvación de todos los hombres.

Medios

A través de la difusión y vivencia del mensaje de Fátima “Mensaje de fe, de conversión, de oración y de paz” (Pablo VI, mayo 12, 1967, Juan Pablo II, mayo 13 de 1982) ypara alentar, motivar ypromover en todas las personas un deseo consciente e informado de consagrarse al Inmaculado Corazón de María,que nos motive a la conversión, a la santificación y a reparar las ofensas hechas a Dios y a su Santísima Madre, mediante el cumplimiento de los deseos y llamados que nos hace Ntra. Señora en Fátima.

Que nos propone:

1. Oración

Como remedio a la impiedad, la frialdad y la secularización. (Frecuente y continua, especialmente el rezo diario del Santo Rosario meditado y las oraciones enseñadas en Fátima).

2. Reparación

Que busca compensar la falta de oración, de amor y de interés de la humanidad hacia Jesús y María. (Expresada sobre todo en la amorosa aceptación de los sufrimientos que Dios nos mande y en el cumplimiento fiel del deber cotidiano, para promover una unidad más íntima entre la fe de sus miembros y su vida, como recomienda el Concilio Vaticano II, ofreciendo los sacrificios que ello signifique, como un acto de reparación por las ofensas hechas a Dios y de súplica por la conversión de los pecadores).

3. Consagración a María

Como respuesta amorosa a la iniciativa de Dios que busca nuestra santidad, a través de María para la construcción del Reino. (Al Inmaculado Corazón de María, camino seguro a Jesús y refugio maravilloso. Entendiéndose esta Consagración como una aceptación personal de la plenitud de la gracia del Bautismo; como la renovación de las promesas bautismales: renunciar a Satanás a sus pompas y a sus obras por las manos de Nuestra Señora. Por esta consagración renunciamos y rechazamos el pecado y el egoísmo, y elegimos a Jesucristo como el único camino al Padre y a la vida eterna. Aceptamos a María, quien está libre de todo pecado y totalmente unida a Jesús, como nuestra ayuda en el combate cristiano y la reconocemos como Madre de Dios por naturaleza y Madre nuestra por la gracia. La consagración al Inmaculado Corazón de María significa que en él, con él y por él, nos consagramos al Sacratísimo Corazón de Jesús, como se entiende y vive a la luz de la exhortación apostólica “Signum Magnum” (Pablo VI, mayo 13, 67), de los textos de consagración de S.S. Pío XII (Oct 31, 1942 y jul 7 de 52), de S.S. Juan Pablo II (Mayo 13, 82 y marzo 25, 84)(Textos en Cap. I. D), llevando, además, como señal y testimonio de dicha consagración, el escapulario del Carmen.

4. Afiliación: La promesa de Amor

¡Todos Unidos en la Oración!

Esta es la fórmula para responder -- al llamamiento que nos hace Nuestra Señora en Fátima y, a la vez, se hace en todo el mundo para integrarse al Apostolado Mundial de Fátima. Es dirigida como una promesa —Promesa de Amor— a la Santísima Virgen en reparación por las ofensas hechas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María:

“¡Amada Reina y Madre!, que prometiste en Fátima convertir a Rusia y dar paz a la humanidad, en reparación por mis pecados y los pecados de todo el mundo, te prometo:

  1. Ofrecer cada día los sacrificios que exija el cumplimiento de mis deberes.
  2. Rezar diariamente el Rosario (5 decenas) meditando en sus misterios.
  3. Llevar alrededor de mi cuello el Escapulario del Carmen, como testimonio de esta promesa y como acto de consagración a ti.
  4. Practicar la devoción de los cinco Primeros Sábados de Mes.

Renovaré esta promesa con frecuencia, principalmente en los momentos de tentación.

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